Carlos Cortina Beltrán

CARLOS CORTINA BELTRÁN
Tavernes Blanques, 1872-Valencia, 1949

Carpintero de oficio, alterna esta profesión con los estudios de «dibujo de adorno» en la Escuela Supe· rior de Bellas Artes de San Carlos para consagrarse como artista-decorador especializado en arte efímero y popular. Sus primeras obras se limitan a la construc­ción de armazones internos de carpintería para monu­mentos de cartón-piedra construidos ex-profeso para la conmemoración de una efemérides concreta como:

«La Tribuna para el I Congreso Eucarístico» (1891) o el esqueleto del monumental «Tio Nelo» (1900), arco de triunfo de apariencia humana instalado en la PI. de la Reina con motivo de la celebración de la Feria de Julio. De regreso a Valéncia, tras una breve estan­cia en Roma, se dedica preferentemente a la construc­ción de fallas, tarea a la que venía dedicándose desde 1895 y de carrozas para ferias y fiestas. Miembro fun­dador del Círculo de Bellas Artes, consigue su primer éxito como artista fallero con «Un matrimoni aprofi­tat», falla en la cual colabora en calidad de copartí­cipe junto al resto de socios de esta entidad.

Él mismo, se considera renovador de las fallas en movimiento, pero, sobre todo, destaca por ser uno de los primeros artistas en concebir las fallas en torno a un eje verti­cal central de gran altura. Su experiencia como cons­tructor de edificios con materiales perecederos (es autor del Pabellón Municipal de la Feria de Julio -1906- y de El Pabellón sobre el Mar del Balneario Las Are­nas) así como su afán por conferir monumentalidad a las fallas le llevan a disponer como remates grandes obras arquitectónicas que constituyen el espacio ante el cual los ninots desarrollan sus acciones; Sin embargo, estos factores no le impiden experimentar con otra tipología de fallas: las escenas disociadas e independientes dispuestas a lo largo de una calle.

Sus fallas, repletas de ingenio y gracia, son premiadas en multitud de ocasiones y llegan a crear escuela. De entre su producción destaca: «De Valencia a Nova York en les ales d’un parot» por el hecho de constituir el modelo o patrón impuesto por el nuevo régimen a los artistas falleros tras el paréntesis de la Guerra Civil. (Ver producción artística en el capítulo 13).